viernes

30. Y no aprendimos nada… ¿o si?

Sigo con mi trabajo viejo, pero estoy en tratativas para cambiarme a un trabajo que me deje un poco más de tiempo libre. También empecé con un proyecto nuevo, personal, algo más conectado a lo artístico. Pero viene lento, necesito de tiempo para ir ordenándolo. Pensé en empezar terapia… estaba en el baño cuando se me ocurrió. Tratando de cagar. Una amiga me dijo que la constipación se va si te sentás tranquila y te concentras en que podes hacerlo. Ahí estaba yo, sentada, concentrada y de paso pensando por donde empezaría a hablar con la psicóloga. Qué era lo más importante de mi vida… estos cambios en el plano laboral o los tres hombres con los que de golpe empecé a relacionarme (nunca estuve con tres tipos a la vez… no todos juntos, se entiende ¿no?).

Y nada es casual porque de golpe apareció un viejo amante con el que nunca corté relación, que siempre estuvo, pasan los años y ya no sé si me gusta, pero por lo menos está. Me da la seguridad de conocerme, de no tener que actuar un personaje frente a él ni tener que contar mi historia de cero. Somos así como nos conocimos hace diez años, con algunas estrías más yo, con algunos pelos menos él…

Hace unos meses, un chico apareció en mi vida… muy buen sexo, buena química y muchas cosas en común: los dos separados, los dos no queremos hijos, los dos pensamos en nuestras carreras…

Lo extraño, es que hace dos semanas conocí a alguien por chat (no el nenito con el cual hice de mamita). Un empresario con el que tuve sexo cibernético. Cualquier ser humano normal piensa que la cosa terminó ahí. Pero no, él estaba por volverse a Italia y me invitó a su departamento al día siguiente. Y fuí. Parada frente a la puerta de su piso en Le Parc pensé que estaba loca… ¿qué pasaba si no me gustaba o si era un asesino serial…? Pero justo abrió la puerta y me quedé muda (estaba fuertísimo). Tomamos café en su enorme living, curtimos, preparamos algo más de comer y terminé quedándome hasta el domingo… con un extraño que volvía el lunes a Italia.

Mientras me concentraba en todo esto logré cagar… ustedes dirán que soy una asquerosa, pero fue terapéutico. No había tenido tiempo con toda esta actividad de ponerme a pensar en las cosas que tenía metidas en adentro mío. Y al concentrarme, las cagué, literalmente hablando.

Lo genial, es que mientras tiraba la cadena y veía como la mierda se iba mezclando descubrí la relación directa que establezco entre trabajo y hombres: tengo mi laburo de siempre, el que me da seguridad para pagar las cuentas (mi viejo y conocido amante); el trabajo nuevo, que me genera expectativas, deseos de cambio y libertad (mi chico nuevo con el que es posible proyectar otro tipo de pareja, más madura); y mi proyecto personal, que está ahí desordenado tratando de tomar vuelo (el tipo que va y viene a Italia).

Lo bueno es que con este método de constipación me ahorro un montón de guita en psicólogos… lo malo es que van a pasar otros diez días sin que vaya a cagar para tener otro encuentro místico con el baño.

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