viernes

20. Yo viajo en tren

Son las doce de la noche. Espero el último tren que sale de Retiro. Estoy cansada, fue un largo día de trabajo que terminó en un after. Tomamos varios tragos con amigas, vimos muchos chicos pero todos de lejos. En fin, recorro los vagones buscando uno para sentarme.
Un viejito duerme, una chica escucha música, una pareja conversa.
Quiero un vagón silencioso, me gusta contemplar la ciudad de noche, espiar el mundo de los otros allá afuera.
Elijo un lugar. Solo hay un chico más allá.
El tren arranca, las luces comienzan a titilar. El chico me mira, sonríe y guarda el libro con resignación. Finalmente se apagan. Me gusta, me mantiene en estado de alerta.
Un grito irrumpe en la oscuridad ofreciendo miles de cosas inútilmente atractivas y desaparece tan pronto como llegó.
El viento sopla fuerte y comienzo a sentir frío. Trato de bajar la ventana pero sentada no puedo. Me incorporo, apoyo mis manos en los costados y presiono para abajo. Nada.
Siento una respiración en mi nuca. Me hace cosquillas. Apoya sus manos sobre las mías y presiona para abajo acercando su cuerpo al mío.
La proximidad de un cuerpo que no conozco me pone nerviosa. Giro para agradecerle y quedo enfrentada a él.
Sus manos recorren las mías, suben por mis brazos, acarician mis hombros y aprietan mi cuello.
Mis piernas lo atrapan y lo atraen hacia mí. Su miembro cerca de mi sexo me excita.
Nuestras bocas se acercan, las lenguas se cruzan en un diálogo universal.
Las ropas se corren para darle espacio a los cuerpos. Me penetra. Los cuerpos bailan una danza perfecta. Sumerge su cabeza en mi pecho, me lame, me chupa, me recorre con su lengua toda.
Se sienta, yo me monto arriba suyo. Mis pelos vuelan con el viento y yo cabalgo por la ciudad enloquecida.
Una mano se apoya en mi hombro y me sacude. Lo miro, me mira. Me pide el boleto.

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